domingo, 4 de diciembre de 2011

MEMORIA DE ARQUITECTURA (IIb)



(Los cimientos de la memoria)

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Conocidos los cimientos, fijemos nuestra atención en el ‘constructo’.
De acuerdo con Andoni Alonso, filosóficamente la memoria no sólo interesa epistemológicamente (memoria como facultad cognoscitiva) u ontológicamente (memoria como garantía del yo) sino éticamente (lo que se debe recordar y lo que hay que olvidar).
La definición más general de memoria, leemos en Ricoeur, proviene de Aristóteles (De la memoria y de la reminiscencia), que retoma a su vez, como no, a Platón (Teeteto), y concierne a la imagen (eikôn): hacer presente la ausencia.
Hay que distinguir dos tipos de lo ausente: lo irreal e imaginario, por un lado y lo que ya ha sido, lo anterior, por otro. Esto último distingue a la memoria como ausencia, se trata de hacer presente lo que ha sido y está, ahora, ausente. No es momento de relacionar estas cuestiones con Heidegger y su distinción entre Vergangen, la época pasada y Gewissen, lo anterior. Historiografía [historich] versus acontecer histórico [geschichtlich] en definitiva.
Hablar de memoria es hablar del tiempo y hablar del recuerdo implica aludir al olvido. Pero hablar de memoria en relación al tiempo, continúa Alonso, nos lleva a hablar del espacio (‘lugares’ en los que aparece la memoria). En efecto, nos lo precisó Rodríguez de las Heras en su ‘Del arte de la memoria a la nemótica’: “La memoria la pliega el tiempo. Recordar es poder deshacer solamente los pliegues que guardan lo que deseamos en ese momento recuperar”. Y resalta el papel de Simónides de Ceos y la importancia de la imagen para la memoria. ‘Se crea el ‘arte de la memoria’ para reforzar las funciones de la memoria natural… el arte de la memoria consiste en imaginar imágenes (‘imagines’) y lugares (‘loci’)…’
El arte de recordar (mnemotécnica) pasará en el siglo XXI por el ordenador como sustituto de la memoria individual: La memoria natural deviene en artificial.



Mediante el lenguaje, los humanos pueden crear mundos imaginarios. Pueden, incluso, sincronizar esos mundos. Pueden simular el mundo con el lenguaje y simular el lenguaje con el lenguaje en un ordenador.
Investigar las metamorfosis que la ‘sociedad de la información’ ha propiciado, como causa y efecto, en dimensiones fundamentales de la existencia humana como la memoria, es otra preocupación que puede derivarse de la presente lección, a desarrollar a posteriori.
Si buscamos una concepción más científica de la memoria de acuerdo con investigaciones recientes, leemos en Castro Nogueira que en realidad nuestros recuerdos son ‘constructos’ complejos en permanente cambio, vinculados a las emociones, los deseos y los estímulos prácticos del presente.
Sigue Castro pormenorizando que no existen ‘localizaciones’ fijas y estables de recuerdos en nuestra mente en el sentido convencional. Podría hablarse de cierta ‘topología’ de nuestra memoria; de ciertos espacios-tiempos mnemónicos configurados de acuerdo con estructuras topológicas más o menos estables. Y dice: ‘La memoria no es tanto una repetición exacta de una ‘imagen-recuerdo’ en nuestro cerebro, como una constante recategorización’.
Los materiales psíquicos fragmentarios no pertenecen al pasado de los sujetos sino que derivan de las representaciones inmediatamente anteriores a la estimulación. El cerebro categoriza continuamente estímulos de acuerdo con el pasado y con los deseos, emociones y necesidades presentes. Lo anterior desmitifica cierta jerga filosófica utilizada.
También se admite hoy que la memoria no se opone al olvido. No son términos excluyentes ni antagónicos. Según Todorov, la memoria es una selección entre supresión (olvido) y conservación (fijación en la memoria).
Pero no es lo mismo el olvido en el sentido de desconocimiento del pasado, que el olvido en el sentido de no dar importancia al pasado… Hay un pasado presente y un pasado ausente… Lo deformante es el olvido: la historia misma sería ese olvido desfigurador de lo natural.
Sentencia Reyes Mate al respecto: ‘Del pasado se ocupa la historia y también la hermenéutica’. Y es que ya lo decía Benjamin: ‘La historia comienza cuando acaba la memoria’.

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(sigue)


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