jueves, 8 de diciembre de 2011

MEMORIA DE ARQUITECTURA (y IIIb)



(El patrimonio de la arquitectura)
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 Cautivados, y cautivos, por la celebración de la memoria, necesitamos relacionarnos con el pasado mediante el patrimonio. De ahí la expansión actual del concepto de patrimonio. Patrimonio fue lo que procedía del paterfamilias en los romanos. Hoy patrimonio es, según Antonio Ariño, un conjunto de bienes que conforman el acervo de la sociedad. La dimensión patrimonial es un ‘constructo’ (construcción social) que no consiste en una propiedad intrínseca del objeto, sino una atribución de los sujetos.
En su artículo ‘La expansión del patrimonio cultural’, Ariño plantea al respecto que la obsesión por la memoria que ha producido la patrimonialización de la cultura, también alumbra algunas paradojas, como por ejemplo:
- Que toda tentativa de conservación es en sí misma una transformación, para que algo sea conservado como patrimonio ha de ser fosilizado y descontextualizado.
- Que la conservación está sometida a procesos de desestabilización ya que, dotado de identidades híbridas, el patrimonio es actualmente un proceso de negociación.
- Y que la construcción de un patrimonio cultural de la humanidad está condicionada por la globalización actual. En esa escala de proyección nueva, el propio reconocimiento patrimonial genera desterritorialización y desarraigo.
Hay que pensar, con Negri, que en el ámbito de la globalización ya no hay historia, sólo presente postmoderno. Y allí, el espacio histórico queda suprimido.
Aunque no todo sea patrimonio, aunque casi, todo sí es patrimonializable en potencia (incluido entonces el deterioro y la perversión del patrimonio)
No obstante la conversión del bien patrimonial en producto cultural lleva implícita, como dijimos antes, su mercantilización como artículo consumible, asociado ante todo a las estrategias del turismo o a las demandas de la sociedad del ocio y en pro de las reglas economicistas del mercado.


 A. y P. SMITHSON. Edificio “Robin Hood Gardens” (1966-72). Londres.
[Aprobada su demolición en 2009]

La forma de actuar de esa tendencia bastante dominante a considerar el patrimonio como valor económico es: preservar los edificios para después intervenir según la dinámica del mercado. Algunas restauraciones cultivan entonces el simulacro monumental  que demanda la industria turística a través de la réplica y por ello el proceso de banalización cultural del patrimonio puede convertir los centros históricos, como el caso de ciudades patrimonio, en parques temáticos.
Incluso la actual posibilidad de que todo pueda llegar a ser patrimo­nio ha sido interpretada por algunos pensadores contemporáneos, como hemos visto, como una reacción de miedo ante un mundo dominado por el mercado, ya que de alguna forma, el patrimonio permite combatir la tendencia de la sociedad del despilfarro.
El recuerdo en tanto que movimiento imaginario de retorno al pasado, constituye un medio de liberar a las cosas de la carga que las distorsiona y las oprime.
 
E. MENDELSOHN. Dibujo de la Torre Einstein. Potsdam (Alemania)

Memoria pues fundamentada como ‘remembranza’ (recordación). Mirada específica sobre el pasado o, mejor aún, una construcción del presente desde el pasado (construcción, no reconstrucción), esto es, no restauración del pasado, sino creación del presente con materiales del pasado [Benjamin].
Coetáneos de Benjamin, Adorno y Horkheimer, con su dialéctica negativa, plantearon una relación con el pasado que no fuera sacralizante. No defendieron la necesidad de conservar el pasado, sino paradójicamente de rescatar sus esperanzas.
Después de todo, igual tiene razón Antonio Fernández Alba cuando en su Domus aurea nos plantea: ‘¿No será que la mitificación del pasado se ha disfrazado de futuro y no hay quién lo reduzca a presente?’
Recordaremos como final una cita de Umberto Eco, traída por Iñaki Urdanibia, y que nos gustaría que tuviese futuro:
‘El pasado nos chantajea… La respuesta postmoderna a lo moderno consiste en reconocer que, puesto que el pasado no puede destruirse –su destrucción conduce al silencio- lo que hay que hacer es volver a visitarlo… con ironía’.
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2 comentarios:

  1. Crítico Constante8/12/11 12:31

    Magnífico. Hace usted las preguntas adecuadas: ¿Tendríamos sentido del patrimonio histórico sin el turismo, sin aquellos viajeros del Grand Tour? Pienso que André Malraux, hombre inteligente y tratante en antigüedades robadas, dio con una de las claves de nuestro tiempo cuando dijo que, nosotros, hombres del siglo XX, tenemos por primera vez toda la historia ante nuestros ojos. El hombre del Barroco reutilizaba sin pudor alguno los materiales de la obra gótica.

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  2. Gracias CC. Me coge preparando más materia y no le había visto.

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