miércoles, 28 de marzo de 2012

La conquista del espacio (I)

[Hemos restaurado el título de estos artículos ya que el utilizado en otras ocasiones (Curado de espacio) tenía resonancias apropiadas a otros blogs, tanto como ‘curado de espanto’ o como ‘curado despacio’].

I
Un reconocido paradigma de la creación de espacios y de su moderna formalización con una potencia no fácilmente igualada, fue sin duda Frank Lloyd Wright , quién también tuvo sus cabañas.
En la amplia bibliografía conocida hay muchos elementos contradictorios en la naturaleza y en el arte de F. L. Wright. ‘Puede parecer un romántico en el presente pero está destinado a ser un clásico en el futuro’, dijo de él tempranamente su crítico constante H. R. Hitchcock.
Siempre centró su interés por parecer autodidacta, por lo que intentó borrar sus huellas previas. Pero son fácilmente detectables. Su supuesta educación arquitectónica autodidacta no esconde, por utilizar una terminología tan cara a T. S. Eliot, toda la tradición anterior pero, en su caso también, su inmenso talento individual.
Frente a una adscripción al estilo École des Beaux-Arts, para el que estuvo particularmente bien dotado, se decantó por el de la Escuela de Chicago con L. Sullivan, un arquitecto con un orden estético muy personal que no admitía influencias de poco porte. Estando trabajando como primer dibujante en el estudio de Sullivan, comenzó a recabar encargos bajo mano de clientes del estudio, lo que él denominaba ‘casas de contrabando’. Así, sedujo a una cliente y consiguió dos cosas, hacerle él, independientemente del estudio, la vivienda y que Sullivan, cuando se enteró, le despidiese inmediatamente del trabajo por competencia ilícita, bien como cautivador o bien como arquitecto.
Autónomo entonces, vivió y trabajó, desde la última década del XIX, en Oak Park, área suburbana de Chicago entonces en desarrollo. Tras nuestra visita realizada por sus obras allí construidas, las casas de la pradera, su propia casa-estudio y el templo unitario, reproducimos las reflexiones y comentarios arquitectónicos generados en la misma.
Las “Prairie Houses” se nos cuentan como una renovación de la arquitectura americana. No dejan de ser arquitecturas domésticas con claros antecedentes en la arquitectura autóctona inmediatamente anterior. Siguen la tradición de las viviendas unifamiliares americanas aunque con espacios más abiertos y fluidos pero, efectivamente, con diseño e impacto psicológico diferente a las anteriores. Un filón romántico del pensamiento orgánico: ‘The nature of materials’, remedan los estudiosos, como el citado Hitchcock. La continuidad del espacio y la primacía de lo abstracto como fruto de la manera de pensar tridimensional del paladín de la concepción espacial, Wright. Un espacio fluyente, liberado de la estereotomía y la rigidez volumétrica. Una organización axial mantenida compositivamente con espacios que penetran en otros y con alturas no uniformes a base de niveles superpuestos e intercomunicados con sutiles elementos definidores de la espacialidad, pero controlados y regulados dentro del sistema para producir un incremento, con esquinas eliminadas, de la sensación de espacio sin disminución de la privacidad. Además ese espacio interior se expresa exteriormente con una serena horizontalidad del diseño y una cubierta protectora. En definitiva, a pesar de ser él, Wright, un arquetipo jungiano (dios y demonio, ¿Mefisto?), proyecta formas menos masculinas, más femeninas (arco, laberinto, cueva…) que en la arquitectura doméstica tradicional americana. Pero sobre todo se trataría de viviendas asociadas a su entorno natural, dotadas de dignidad y decoro urbano. Una cierta originalidad y fuerza se refracta en estos edificios de Oak Park que acabaran no obstante generando un predecible manierismo.
Su paradigmática Casa-estudio, continuamente reformada, hereda la memoria de la tradición pero la abre a una nueva libertad espacial. Rotundo ejemplo de lo anteriormente dicho aquí, plantea una apertura del espacio acentuando la unidad. Espacios interpenetrados y articulaciones espaciales: la ruptura del prisma. Y la proyectación de cierto eje compositivo diagonal con desviación diáfana del espacio que, en obras más tardías será el articulador de sus proyectos.


F. LL. WRIGHT. Dos vistas actuales del interior de su Casa-estudio en Oak Park.

Espacio expandido en horizontal con influencias japonesas pero de composición más abstracta. Y donde se resalta la importancia de la chimenea como hogar [debería leerse al respecto el satírico relato de Herman Melville Yo y mi chimenea’. Ed. Barataria. Madrid, 2012]. En definitiva, un lugar de instalación familiar específico pero expansivo, que comunica permanencia y protección.

Su otro hito en la zona fue la  Iglesia Unitaria. De ella escribe V. Scully que resulta ‘única y completa, rica y confiada, acogedora y audaz, pura y sinfónica’. Un edificio de sonido, sí (influencia dicen de la música de Bach y de Beethoven tan apreciados por Wright). Una sala de reunión con galerías laterales resulta un espacio ligero, sin peso. Con perfecta integración, o unidad orgánica, de estructura-masa-espacio.
 Un monolito revestido de mortero de cemento sin símbolos exteriores: montaña sagrada que contiene una profunda caverna, una caja con una cámara secreta donde encontramos la luz. Lo que parecía cerrado se abre, lo que parecía oscuro es iluminado. Formas relajantes para el espíritu que propugnan la proximidad entre los hombres de todos los credos.

F. LL. WRIGHT. Sección de la Iglesia Unitaria.

Entre lo singular y lo múltiple (individuo y comunidad) la integración se va consiguiendo laboriosamente a lo largo del espacio del templo. En su interior los agnósticos evocaríamos entonces como Scully a Wallace Stevens: ‘Lo sublime desciende hasta el espíritu y el espacio’.

F. LL. WRIGHT. Perspectiva de la Iglesia Unitaria.
(© 2009 The Frank Lloyd Wright Foundation)

(sigue)

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