lunes, 5 de agosto de 2013

Discos.

"Hay discos que nos acompañan a lo largo del tiempo con más asiduidad que otros, y por ese motivo acaban formando parte de la vida de uno, que ha depositado en ellos sin darse mucha cuenta un archivo cifrado de sensaciones y experiencias antiguas..."

A propósito de una actuación en julio de 1996, en Madrid, de Paquito D'Rivera [por cierto, tan versátil y latino –‘latino/ladino’, Cabrera Infante dixit- como para recordar en una entrevista sus actuaciones junto a los payasos Gaby, Fofó y Miliky], escribía sabiamente lo anterior Antonio Muñoz Molina en el diario ‘El País’ justamente el día que, en Londres, fallecía Bryan ‘Chas’ Chandler, bajista que fue del mítico grupo The Animals y descubridor y productor del legendario Jimmy Hendrix. Si el día 17 de Julio moría ‘Chas’ Chandler, el día anterior, el 16, se cumplían 30 años de la formación del deificado grupo Cream por Eric Clapton, Jack Bruce y Ginger Baker.
No se trataría de escribir una necrología póstuma [siempre he coincidido con Eduardo Haro Tecglen en hacer buena la tendencia a publicar artículos necrológicos "cuando el enfermo aún se agarra al último minuto... porque siempre ha sido deplorable que el muerto se perdiese los últimos elogios"] sino  una, nostálgica, crónica sentimental que comienza en tiempos preconstitucionales.

Fruto de una obra de caridad, la compra a un disc-jokey de emisora local venido a menos, del lote de LP's de su discoteca particular, aparecieron en tu casa varias decenas de discos de todo pelaje y condición. Con la fruición de un buscador de oro que beneficia el yacimiento separando la mena de la ganga y a golpes de una intuición derivada del azar y de un cierto aggiornamento musical de estudiante de bachillerato de provincias, conseguiste para ti -eras el hermano mayor- un buen número de paradigmáticos LP's del Pop de aquellos años.
Los elegidos, pequeño tesoro privado a base de Cream, Animals, Doors, Hendrix, Who, etc. formaron un bagaje que, desde el principio, te acompañaba musicalmente en todos los momentos posibles, posibles dentro del diario acontecer de una bastante numerosa familia, y, sobre todo, al que acudías indefectiblemente, como un fiel creyente que cumple sus ritos, en las épocas vacacionales cuando el estudio de la carrera te permitía la vuelta a casa.
El paso de los años, los traslados de domicilio, las modificaciones de situación familiar y quizás, también, las modas culturales coyunturales y personales, consiguieron desgajar tu pequeña colección, algo pasada de moda, y la mayoría de los discos ya no sabes dónde pudieran encontrarse, aunque, demasiado tarde, has realizado las pesquisas necesarias para tener alguna noticia cierta de esa parte de una formación que sin ellos no sería la misma.
Sólo pudiste recuperar dos ejemplares. Por suerte tus preferidos -y los que te generan estas añoranzas-. Para ti siempre fueron esos dos, con ‘Axis’ de J. Hendrix [¡qué interesante versión, oída ahora, de uno de los temas de Hendrix a cargo del malogrado Stevie Ray Vaughan!], tu ‘trinidad’ que por sus significados musicales y culturales a nivel personal han formado parte de tu experiencia vital y han moldeado tus gustos.
Se trata de ‘Every one of us’ de Eric Burdon and The Animals y ‘Wheels of fire’ de Cream.
‘Every one of us’ con la monumental "New York 1963 - América1968", testamento pop de E. Burdon. Quien, luego, al disolverse el grupo, siguió en USA más en contacto con músicos negros [por ejemplo con Jimmy Witherspoon con el que grabó ’Black & White Blues’].
Por su parte, ‘Wheels of fire’, volumen doble, un LP en estudio [donde colabora lúcidamente Felix Pappalardi] y otro en vivo, con la armónica y el bajo de Bruce, los insuperables solos de batería de Baker y la guitarra y la voz de Clapton.
E. Clapton tras la disolución siguió una intermitente pero interesante carrera hasta desembocar en los blues de ‘From the cradle’. Bruce y Baker por su parte resucitaron hace poco de la mano de Gary Moore, que como trío BBM y con ‘Around the next dream’ han querido repetir la ’historia’, quizás como drama si no como farsa. [G. Moore, auténtico espiritista, en ‘Blues for Greeny’ rindió homenaje al casi desaparecido, esquizofrénico paranoide, Peter Green -de Fleetwood Mac- quien en tiempos había sustituido a Clapton en el grupo Blues Breakers de John Mayall cuando lo abandonó por Cream, - ¿estudiaría alguien la relación, dependiente malgré soi, Moore vs. Clapton?-].


A pesar de su deterioro material sigues escuchando ahora esas obras musicales, incluso frecuentemente, para seguir disfrutando, aunque mucha gente no te comprenda. Has buscado y aún no has descubierto el hilo que debe conectar (y explique así tu dependencia) ‘White room’ con ‘White houses’, aunque puede que eso no sea ni fácil ni posible...
Se trataría de corroborar el contenido de la cita arriba transcrita y recordar, rescatar, algunas joyas vinílicas de finales de los 60 que, por el paso del tiempo y de la aguja metálica del tocadiscos, tienen marcadas las mismas huellas que hacen entrañables a las personas provectas.
Aunque los efectos de los derivados químicos del vinilo sean tan nocivos para la salud física y el medio ambiente como proclaman algunos, siempre guardarás lo más entrañablemente posible estos discos que nunca han sido, ni serán, peligrosos para tu salud mental. O eso, al menos, esperas.

Verano del 96.

No hay comentarios:

Publicar un comentario