jueves, 1 de octubre de 2015

Paleopolítica.

[by Google]

Lo que hay de natural en el hombre no pasa de ser una inadaptación y una vulnerabilidad. Como fracaso animal, el hombre es un marginado biológico.
En la remota vida de las hordas, o clanes, en el período más antiguo y nebuloso de la especie, comienza para los hombres la historia social de la domesticación humana, la distinción entre naturaleza y cultura ha de ser eliminada. La horda puede ser entendida como una incubación de la antinaturalidad que mantiene alejada la opresión de la vieja naturaleza con predominio del factor histórico-cultural. Con la protección de la horda, el homo sapiens evita los conflictos. En contraposición a la naturaleza hostil, la horda, modernizada en tribu, funciona como incubadora del homo sapiens en una comunidad humana,  previa a la polis, a la civitas, al imperio, figuras de la era agraria.
Desde la perspectiva de la domesticación humana, el peligroso fuera de la horda, la naturaleza inhumana ante la cual la horda generaba un espacio comunitario, se convierte paulatinamente, desde la era agraria, en un dentro hominizado por un dominio a través de la construcción –primero espontánea, pero después planificada– de habitáculos para el asentamiento definitivo.
El uso y conocimiento de los ciclos agrarios, desde los primeros asentamientos de ex tribus nómadas, proporciona la imaginaria fuerza para vincular con mayores niveles de cohesión social, a grandes grupos de un modo progresivo hasta formar un conjunto a gran escala llamado pueblo, nación, estado, sociedad, comunidad.
El instrumento más poderoso en la era de los grandes imperios es la política clásica, que tiene como objetivo formar un conjunto de hombres cohesionados en torno a una esfera de cosas comunes. Reunir a los ciudadanos bajo el vínculo social, es el elemento primordial para la transformación a gran escala de grupos humanos relativamente dispersos, bandas nómadas de cazadores-recolectores, en sistemas comunitarios de sedentarios animales políticos. El Estado es envoltura que se extiende sobre toda la polis, como espíritu común de la ciudad. El hombre comienza a ganar dominio en los centros urbanos de los imperios antiguos, donde se forma una minoría selecta en el arte del saber mandar y que culmina en una secesión respecto de la vieja naturaleza, que dará lugar a la actual secesión de los hombres respecto de los hombres.

Con razón dice Sloterdijk que la historia de las ideas políticas ha sido siempre una historia de las fantasías de la pertenencia a grupos y pueblos.

Vide:
· Sloterdijk, P.- En el mismo barco, ensayo sobre la hiperpolítica. Ed. Siruela. Madrid, 1994.
· Vásquez Rocca, A.- Peter Sloterdijk; Esferas, helada cósmica y políticas de climatización. Ed. Institución Alfons el Magnànim, Colección Novatores, Nº 28. Valencia, 2008.

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