lunes, 6 de marzo de 2017

Le llamaban Charlie.


Charlie Parker in memoriam...

En 1934, en plena Gran Depresión, Kansas City era un oasis, en el Medio Oeste de los Estados Unidos, gracias a que algunos políticos y los gánsters que les hacían los trabajos sucios lograron aislar la ciudad y crear en ella, en medio de la miseria de los trágicos comienzos del New Deal del presidente Roosevelt, una relativa prosperidad, que la convirtió en una pequeña Las Vegas. A la sombra de la paz mortífera creada por las bandas de contrabandistas y gariteros, nacieron bandas de músicos y los conciertos de ametralladora convivieron y alternaron con los conciertos de jazz en las calles de Kansas City.

A lo largo de una tarde y una noche tormentosa de comienzos de aquel año tuvo lugar en un tugurio de la ciudad una larguísima jam session ejecutada por la orquesta de Bennie Moten, en la que dos genios del saxo, Coleman Hawkins y Lester Young, sostenidos por dos jóvenes pia­nistas teloneros llamados (así como suena de monárquicos) Duke Ellington y Count Basie, llevaron a cabo uno de los cutting contest (duelo de réplicas y contrarréplicas instrumentales improvisadas) más célebres de la historia del jazz.

Aquel trenzado de los genios improvisadores atestó de público el antro y entre los participantes en el suceso estaba un muchacho aprendiz de saxo con los ojos agrandados por el asombro. Todos los rostros de esta hazaña quedaron guardados en la memoria y la retina del niño. Se llamaba Charlie, pero le llamaban Bird y era hijo de una tal Addie Parker, telegrafista de la Westem Union.



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