miércoles, 17 de julio de 2019

Trabajos inútiles: A. L.

ENSAYO:
ADOLF LOOS, QUE LIBRÓ A LA HUMANIDAD DE TRABAJOS INÚTILES. 1983.

(I)
“Adolf Loos, que libró a la humanidad de trabajos inútiles”.
Este epitafio, que él había escogido y que no fue grabado en su lápida, es realmente el único que, como sugiere acertadamente Quetglas, no le conviene, porque nadie, ni el mismo, nos librará del ‘inútil trabajo’ de recordar, al haberse cumplido los 50 años [hoy los 85] de su muerte, a este arquitecto vienés, aunque nacido en Brünn ó Brno, y preguntarnos por su importancia en el desarrollo de la Arquitectura del primer cuarto del siglo XX y la posible vigencia de su obra en el contexto actual.
Su figura no puede entenderse separada del momento histórico en que vivió, de ahí que estas notas recurran con frecuencia a referencias que solo pueden ser valoradas en el conjunto de una teoría e historia de la arquitectura moderna. Es por ello que en lugar de reproducir una biografía que cuenta con abundante material bibliográfico, se pretende recoger una serie de impresiones retomadas del conjunto de la historiografía moderna que permitan perfilar su significación en el tránsito y ruptura entre la arquitectura de principios de siglo y la de los años treinta y comprobar si su obra posee elementos de modernidad suficientes para que, aún hoy, tenga cierto atractivo.
No se debe, en primer lugar, reducir a priori la figura de Loos al comentario que N. Pevsner realiza en ‘Orígenes de la arquitectura moderna y del diseño’ y que
pone de manifiesto la estrechez de miras que conduce a un crítico a sacrificar, en aras del discurso ideológico que mantiene, todo lo que no se ajuste a sus tesis. Para Pevsner, Loos es un “arquitecto austriaco discípulo de O. Wagner... [que] adoptó un estilo carente de todo ornamento, obteniendo efectos sólo por la calidad de los materiales y la articulación de los planos... no logró mucho éxito (sic) y sus edificios son pocos...”
Bajo esta óptica simplista, bastante generalizada en la crítica anglosajona, no podría entenderse ni una personalidad, influida sobremanera por problemas físicos (sordera, dolencias gástricas, tensiones nerviosas...) que determinaron un carácter aislado pero a la vez turbulento, contradictorio, combativo y capaz, como señala R. Banhan, de convertir querellas personales en cruzadas públicas, ni una obra arquitectónica planteada como renuncia a la inocencia natural del lenguaje y que comprende, en pocos ejemplos realmente, desde presupuestos vanguardistas en sus tipologías unifamiliares burguesas hasta propuestas morfológicamente más retrógradas en los proyectos realizados bajo los auspicios municipales, ni, por último, una actividad cultural a través de sus prolíficos escritos que abarcaron gran diversidad de temas y que por su tendencia antirromántica de polemista agudo y vivaz le hicieron objeto de admiración y halago ó de permanente repulsa pero que, salvo en sus últimos años, le mantuvieron en alza no sólo en el panorama vienés sino en el de parte de Europa.
Centrando la cuestión en el campo de la arquitectura, hay que señalar tres períodos cronológicos generales que enmarcan su actividad principal y caracterizan a su obra. El primero, que dura hasta 1897 en que vuelve a Viena después de una estancia prolongada en EE.UU., en el que no desarrolla ninguna labor proyectual, sino al contrario ejerce los más variados oficios para sobrevivir, entre ellos los de albañil y solador, ya había realizado estudios de albañilería y construcción en Europa antes de que América le atrajera. La experiencia americana estuvo presente siempre en Loos y según Zevi, a ella se debe la materialización de su teoría del Raumplan, en la que, en base a una economía espacial, cada volumen debe tener las dimensiones justas para satisfacer su propia función, creándose así espacios articulados con la altura adecuada y rompiendo con la rigidez que las plantas de pisos imponían unificando la altura de todas las estancias. Hay que señalar que esta concepción espacial puede considerarse su aportación principal al movimiento moderno, mucho más que la simplificación ornamental que propició con su obra, tanto construida como escrita.
El segundo período se desarrolla en Viena y es el fundamental en su obra, ya que se inicia el ejercicio de la profesión propiamente dicho y lleva a cabo, de manera práctica, su teoría de la arquitectura. Después de trabajar con Mayreder, que mantenía posiciones eclécticas, Loos entra en contacto con Wagner, Olbrich y Hoffmann, principales representantes de la Secesión, variante vienesa del Art Nouveau y reacción contra el eclecticismo dominante del XIX. Loos acaba distanciándose del grupo y lo combate, fijando sus posiciones en la revista ‘Das Andere’ (Lo otro) y fundamentalmente en artículos como ‘Ornamento y delito’, defendiendo el valor funcional y social de la arquitectura frente al papel decorativo que representaba entonces. Loos antepone la modestia y discreción frente a la originalidad como sistema propugnado por Wagner, valora lo nuevo (materiales y técnica) y hereda, en cierta forma, la reducción de la arquitectura a la construcción, propia de la ingeniería del XIX, y, sobre todo, remarca la independencia de la arquitectura de los fines del arte figurativo, contraponiendo arte y utilidad, alineando claramente a la arquitectura con esta última y señalando su especificidad espacial y las propiedades figurativas inherentes a la naturaleza de los materiales, alejándola de todo ornamento gratuito. El diseño, para él, deberá traducir del interior al exterior el Raumplan, obteniendo fachadas planas con huecos asimétricos debidos a los acoplamientos de espacios articulados y comunicados por escaleras interiores. Como ejemplo de rigor, coherencia e iconoclastia, Loos demuestra en sus edificios construidos una obra paradigmática sin limitaciones de su propio código-estilo, aunque no sin numerosas contradicciones, como se demuestra con la perspectiva de los años.

(II)
El período concluye con la experiencia, desde 1920 a 1922, de Loos como arquitecto-jefe del programa de viviendas populares promovido por el Ayuntamiento socialista de Viena, en este caso se pone de manifiesto su limitación cultural y su incapacidad para transmitir, como señala Benevolo, su experiencia personal de forma que no sea intuitiva y poder así desarrollar su método objetivo adecuado a las necesidades sociales.
Sus discrepancias le hacen dimitir un tanto desencantado y con la ida a París en 1923 comienza el tercer periodo que está caracterizado, en un principio, por la gran influencia personal que ejerce, fruto de su época vienesa y de la traducción de sus escritos, entrando en contacto con los dadaístas de Tzara, ‘L'Esprit Nouveau’ e incluso Le Corbusier, del que acabaría distanciado, volviendo a Viena en 1928,
realizando algunos proyectos y muriendo en 1933, el 24 de agosto, en un sanatorio psiquiátrico, sin el reconocimiento que anteriormente tuvo.
Para valorar actualmente su figura con cierta perspectiva hay que reseñar algunos aspectos de su obra que merecen una revisión desapasionada. En primer lugar y para desmitificar su papel, señalado por algunos, como eslabón fundamental en el desarrollo del movimiento moderno, hay que señalar que la poética de Loos, su protorracionalismo, como lo denomina R. De Fusco, no desemboca directamente en el racionalismo propiamente dicho por no ser capaz de asimilar, desde el punto de vista lingüístico, la aportación de las vanguardias figurativas del momento que transformaron la concepción y representación del espacio en aquella época. Por otra parte la polémica de Loos entre belleza y utilidad se encuadra directamente, desde la perspectiva actual, en la cultura tradicional, el movimiento moderno puso en tela de juicio dichos términos y así una polémica como la de Loos dejaba de tener sentido en las directrices que siguió entonces la arquitectura. Más que un precursor fue, según Benevolo, un epígono que llevó al límite las propuestas de la Secesión sin superar en el fondo la poética de la escuela vienesa.
En efecto, la geometría y la proporción de Hoffmann se aplican en Loos hasta sus últimas consecuencias y debajo del aspecto desnudo de sus construcciones está la simplificación implícita de O. Wagner en algunas de sus obras. También, el abandono en su obra de ciertos valores estilísticos (plástica, color, etc.) exige quedar compensados por la conservación de otros (disposición volumétrica, jerarquía, relaciones claro-oscuro, etc.) con lo que el ornamento y ornato pasa de ser algo aplicado a las superficies a ser un factor básico de la composición arquitectónica (Collins).
Por otra parte esa tendencia a eliminar el ornamento encuentra en Loos un teórico radical que fija ideológicamente las posiciones que, sin embargo, venían manteniéndose desde otros lugares a partir de principios de siglo. Es más, si los exteriores están trazados con lenguajes indiferentes, incluso ‘triviales’ (Dal Co), distinta es la atención a los interiores, en ellos Loos compone sin la inmovilidad de los lenguajes exteriores, que por su actividad antinaturalista hacen patentes en sus obras su condición de artificios. La extenuada invención, en el interior, de agregaciones espaciales y compenetraciones volumétricas enriquecidas con materiales refinados que se limitan a mostrar su especificidad, contrastan suficientemente para remarcar las contradicciones existentes con el exterior, poniendo en evidencia las tensiones entre vanguardia y renuncia al lenguaje que se producen en Loos de forma más radical que en otros contemporáneos.
Otra cuestión que permite perfilar sus posiciones y mostrar las limitaciones de su concepción arquitectónica es la polémica en la intervención en la ciudad bajo la administración socialista en Viena (1920 - 1933), polémica que se decantó hacia las posiciones contrarias a las de Loos. Y ello es lógico ya que Loos proponía, en lenguaje de Tafuri y Dal Co, idílicas y anacrónicas ciudades jardín de la clase obrera cuando las necesidades sociales y políticas iban claramente hacia otros objetivos. Contra la intimista siedlung ‘Am Heuberg’ de Loos (1921 - 1923) a base de casas unifamiliares periféricas autosuficientes (vivienda con huerta) siguiendo los modelos conservadores de la praxis decimonónica, se imponen los Höfe realizados por el equipo de P. Berhens, bloques cerrados o semiabiertos realizados con técnicas tradicionales, de gran densidad y con todos los servicios y equipamientos, pero integrados en la ciudad, conformando manzanas de alto valor y significado urbano y proponiendo nuevas formas de ocupación del espacio urbano y de resolución de la residencia obrera, tema capital en el debate de la socialdemocracia europea de entreguerras y que aún hoy podría retomarse en las discusiones sobre intervención municipal en la ciudad.
En este aspecto, el voluntarismo de Loos resultó obsoleto en una situación que demandaba opciones más radicales y que ponía a prueba la capacidad personal de ligar ideología arquitectónica con ideología política.

(III)
Estas cuestiones planteadas pueden haber servido para que la figura de Loos fuera, quizás, minusvalorada en las confrontaciones teóricas recientes de la arquitectura moderna, cabría, pues, preguntarse entonces si posee dicha figura alguna vigencia hoy. Hay en su obra dos componentes, que habiendo sido tratadas en general de manera no significativa, pueden sin embargo aportar ciertas claves para que su figura no deje de ser atrayente en estos momentos. En primer lugar es necesario valorar la componente clasicista que tiene su obra, se trata de un clasicismo ‘moderno’, común a una serie de arquitectos de la época, pero que en Loos se radicaliza, con respecto a Tessenow por ejemplo; se encuentra tamizado por Schinkel y se detecta ya en el tratamiento de su Bar Americano de Viena; se asoma sutilmente en sus viviendas unifamiliares; se patentiza en su proyecto para el monumento al emperador Francisco José; se extrema en su proyecto tardío para un hotel en S. Juan les Pins y adquiere su verdadero sentido en la Looshaus (Michaelerplatz 1910), auténtico paradigma de edificio urbano en relación a su entorno y que actualmente mantiene su modernidad por la calidad de su diseño y la acertada composición que propone, meditando al tiempo sobre lo inconcebible de los lenguajes y alterando en cierta forma la simplificación que postulaba la Secesión desembocando en una auténtica arquitectura sin vanguardia.
Pero donde la obra de Loos, en una componente crítica, alcanza relieve, aunque quizás hoy no se sepa, a pesar de sus connotaciones postmodernas, valorar, es en el proyecto para el concurso del Chicago Tribune (1922). Jamás la arquitectura había realizado una proposición tan radical y tan lúcida al mismo tiempo. Por parte de algunos se achaca la propuesta a la influencia que en aquel momento el Dadaísmo podía ejercer sobre Loos y la califican de gesto polémico e irónico, pero hay que situar, en cierto modo, el contexto para enjuiciar de forma más rigurosa dicho proyecto.
Éste se enmarca en la crisis de la construcción existente en Chicago tras la guerra mundial y en el intento, ideológico, de potenciar, con un concurso internacional el rascacielos como ejemplo totalizador de la actividad constructiva y como máximo exponente de la sociedad y la cultura americana. La ocasión propiciaba el contraste entre los arquitectos americanos y los europeos y representaba un reto para estos últimos, incapaces de plantear culturalmente el problema suscitado en los mismos términos que los primeros, de ahí que no sea marginal las respuestas diversamente alusivas dadas por los europeos. Entre los temas simbólicos que se adoptaron por algunos sobresale el de Loos, una columna dórica interpretada de la manera más ambigua e impresionante. Como señala Tafuri, la columna dórica en forma de rascacielos se afirma contra una metrópoli considerada como el universo del cambio. En el país de la eficiencia y el orden de las formas intemporales, Loos se desenvuelve en precario equilibrio, pero magistralmente, entre lo Kistch y la renuncia. La desesperada soledad, no alegórica sino fantasmal, del objeto alude a la alienación formal y a la desilusión metropolitana explicitada por Loos. La columna suelta, aislada del contexto de su orden, pone de manifiesto una lectura crítica del nuevo ordenamiento de la civilización industrial, es la respuesta fraccionada ante una realidad compleja cuya síntesis ya no será posible por la disciplina. La ambigüedad de la arquitectura es la salida obligada ante su impotencia para no convertirse, como valor de cambio, indefectiblemente, una vez más, en superestructura del sistema. Loos representa en su edificio lo que otros arquitectos realizan; la disponibilidad de la arquitectura a ser utilizada, en el sentido más peyorativo del término, halla aquí su máximo de eficacia. La extracción de un elemento lingüístico de su contexto, y el caso de Loos y su columna es el más violento de los experimentos, y su transferencia a un segundo contexto en dimensiones anormales puede considerarse, según Tafuri, como la anticipación de una Pop Architecture, cáustica y ambigua al mismo tiempo.
La propuesta de Loos al concurso no sólo es la más crítica con respecto a una sociedad como la americana sino también con respecto a la propia Arquitectura a la que despoja de valores idealizados, pero, y de forma sutil, encierra también una crítica a la concepción dominante del objeto arquitectónico; en efecto, llevando la límite la situación, la clásica descomposición Beaux Arts del edificio en base, cuerpo homogéneo central y coronación (basa-fuste-capitel) que permite el control dimensional del objeto, queda reducida al absurdo con el ejemplo propuesto, poniendo en evidencia la carga ideológica del método compositivo.
En estos aspectos puede afirmarse que la lección de Loos sí posee actualidad en un momento en que la arquitectura se mueve entre la vacilación y la agonía y de ahí que sus propias palabras puedan tomarse como un deseo y como una necesidad: “La gran columna dórica será construida. Si no en Chicago, en cualquier otra ciudad. Si no para el Chicago Tribune, para cualquier otro periódico. Si no por mí, por cualquier otro arquitecto”.
Y es que Loos era, a pesar de todo, también ‘das andere’.



Mecánica de rocas.

Keaton nos da lecciones de Física.
Equilibrio inestable y reacción en cadena.
 Todo es sostenible hasta que deja de serlo.






lunes, 10 de junio de 2019

La ciudad levítica.

Vivo, estudio y trabajo, en una ciudad levítica y sufro sus consecuencias. Una ciudad triste donde la recepción de Jot Down y sus satélites o del último libro franco de Arcadi Espada se realiza por esotéricos y exotéricos de toda laya y condición. Por eso recupero, como pieza separada de sumario, esta mínima consideración, añeja y tangencial pero recocha.


La ciudad levítica. *

La ciudad levítica no es otra cosa que un pequeño núcleo urbano, enclavado  en un hinterland específicamente agrario que carece de las condiciones necesarias para desarrollarse desde el punto de vista de una modernización coherente.

Una ‘ciudad del interior’, con determinadas características: cohesionada, pasiva, tradicional, perezosa.

La ciudad levítica se puede utilizar como modelo sociológico diseñado en la literatura realista ibérica. En el paso del siglo XIX al XX, este tipo de ciudades presentaban rasgos tanto económicos como sociales absolutamente atávicos. El horizonte cultural e ideológico no ha evolucionado. Las formas de vida, tampoco. No hay, por tanto, industrialización ni cambio de mentalidad. El sistema de valores no difiere esencialmente del vigente entonces. A esto hay que añadir una cualidad primordial de estas ciudades y que condiciona, en gran medida, el desarrollo de la vida cotidiana de los ciudadanos: el desequilibrio de su estructura social debido al peso específico, amplio y desproporcionado, del sector clerical en una localidad que aún sigue siendo, a pesar de su escasa importancia, sede (seo) episcopal.

Como ciudad administrativa, cumplirá una función esencial de cara a su ámbito rural, pero con una economía claramente orientada hacia el sector servicios. Sus clases medias tienen todas las características de una burguesía clásica: pequeños comerciantes, funcionarios, profesionales etc. La burguesía industrial es prácticamente inexistente. Las clases medias bajas dedicadas, a veces, a la manufactura artesanal y las clases populares empleadas en el sector del servicio doméstico en domicilios privados de gente adinerada o destinadas al trabajo por cuenta ajena. En cuanto a la clase alta, siempre habrá en estas villas varias familias pertenecientes a la baja nobleza local, fundamentalmente rentistas, que pueden formar una cierta élite dirigente.

La ciudad levítica tendrá, por consiguiente, una organización bicéfala. Sobre una base social formada por clases populares muy débiles sobre las que se sitúan unas clases medias igualmente desprovistas del sentido de la modernidad y sin proyectos de cambio, dominarán dos grupos sociales: la ‘nobleza’ local y sobre todo, el clero. Entre ambos se producen tensiones que, según los casos, determinan el predominio de un grupo u otro, dependiendo de la mayor o menor evolución del proceso de secularización de las distintas sociedades urbanas hispánicas y  del color local de los políticos.

Una ciudad de provincias, pues, con un devenir histórico durante setenta años, desde los inicios de la Restauración hasta la última guerra civil, en el que se asientan algunos de los factores centrales que han dado sentido a la contemporaneidad peninsular. Así,

la organización y extensión de la administración estatal en las provincias;

la uniformización en los procedimientos políticos y sociales, capaz de convivir con una profunda realidad local;

el desarrollo localizado de la primera industrialización en los años finales del siglo XIX y su particular fracaso;

el desarrollo de los nacionalismos periféricos y

la progresiva importancia que adquieren los conflictos sociales, incluso en ciudades tenidas por tranquilas.

 [by google]


“Como en todas las ciudades levíticas, la tranquilidad es profunda, la paz es suave, los silencios líquidos”.
 (Josep Pla).


* [vide Langa Laorga, Mª. A. (1994).- ‘Literatura y sociedad: la ciudad levítica, modelo sociológico en evolución’. Cuadernos de Historia Contemporánea. 16. Ed. Complutense. Madrid.  
  Ibarrondo J. Mª. (1993).- Comentario bibliográfico de “La ciudad levítica. Continuidad y cambio en una ciudad del interior” de A. Rivera, Vitoria (1992). RIEV. Revista Internacional de los Estudios Vascos. Año 41. Tomo XXXVIII. Nº 2. págs. 193-196. Donostia].

miércoles, 5 de junio de 2019

Un 69… aniversario.




Bird and Diz*


‘Bird and Diz’ es un álbum de estudio. Fue grabado el 6 de junio de 1950 en la ciudad de Nueva York, en el Mercury Studio, por Charlie Parker (as), Dizzy Gillespie (t), Thelonious Monk (p), Curly Russell (b), Buddy Rich (d).

Parker y Gillespie, amigos, compartieron muchos escenarios y sesiones de grabación, pero las adicciones de Parker comenzaron a separarlos.
Esta es su última grabación de estudio (ya no tocaban juntos en directo), la colaboración final entre ambos.

Son apenas seis canciones y treinta y tantos minutos (con las alternates take), grabadas en 1950, aunque editadas años después.
En dichas tomas alternativas se revela cómo era la relación entre ellos dos, musicalmente competitiva y casi agresiva.

El disco no tuvo una buena recepción, ya que la crítica especializada en aquel momento resaltó algunas desafinaciones de Parker. Pero el tiempo lo puso en su lugar, con la belleza y el virtuosismo de un genial par de amigos y una ideal sección rítmica, con un Monk de categoría al piano.

Una jam sessión inmejorable donde cinco músicos talentosos al máximo, recrean, improvisan, hacen solos y tocan a las mil maravillas. Bebop genuino, y con un repertorio absolutamente suyo sacado de la chistera de un Parker en estado puro, directo y volcánico. Imprescindible.

El álbum se publicó originalmente en 1952 y ha sido reeditado varias veces por Verve y PolyGram Records.

*todo el disco se puede escuchar aquí:


 (by Google)



jueves, 30 de mayo de 2019

A. LOOS 1983


(I)


“Adolf Loos, que libró a la humanidad de trabajos inútiles”.








SIGUE...


(II)











SIGUE...


(III)









“La gran columna dórica será construida. Si no en Chicago, en cualquier otra ciudad. Si no para el Chicago Tribune, para cualquier otro periódico. Si no por mí, por cualquier otro arquitec­to”.





(Fotografías desde http://www.archimagazine.com/bloos.htm)


martes, 28 de mayo de 2019

La medusa de la barca

El Artista como Medusa

Bernini


El inefable Castro Flórez comentó en ABCD, la obra pictórica, recién expuesta entonces, de Carlos León. Su imbricación con referencias a lo arcaico griego y las Gorgonas es puesto de manifiesto por el crítico desde el comienzo de su artículo. Y casi lo finaliza con lo siguiente: "Es (...) un maestro de la elegancia pictórica que tal vez deseó algún día tener el poder tremendo de la cabeza de la Medusa."




Caravaggio

Últimamente se nos han ido apareciendo varias imágenes que en cierta forma sugieren visiones de artistas como medusas. Monstruos ctónicos en puridad.


Y así hemos imaginado a Maruja Mallo, en celebre fotografía reproducida en exposición no pretérita, posando de esa guisa. (Por cierto, con Pablo Neruda revoloteando a su alrededor).




O a Gordon Matta-Clark en célebre autorretrato.






Postdata:

(AE lo había comentado en su columna)

 No hemos resistido la tentación de recomendarles a ambos

la vivienda perfecta para sus sueños míticos convertidos en piedra.



John Hejduk

'House of the Suicide'





30.11.09  (publicado en Blog CC)



domingo, 26 de mayo de 2019

Ciudad sin atributos

“La ciudad no es un árbol / todo es mentira, todo es mentira…”

Decía un antipoema a propósito de la falta de urbanidad que padecemos y que se ha incubado como un virus en las entrañas de la urbe en que vivimos.

Primero fueron los alcaldes de UCD, neófitos y temerosos de que se les negase el certificado de autenticidad democrática, pero sin ideología urbana, incapaces por ello de detener las posiciones en el desarrollo de la ciudad que los clásicos agentes urbanísticos iban tomando al calor de los pactos de La Moncloa.

Después, los alcaldes del PSOE que, salvo alguna escasa excepción, se dejaron comer la oreja por espurios elementos de novedosa catadura que, aprovechando leyes timoratas, propiciaron un rápido negocio periférico, dejando la ciudad fragmentada, dispersa y sin dotaciones, salvo no-lugares comerciales, atrayendo a la fácil ganancia corrupta a muchos de los propios munícipes.

Y luego, los alcaldes del PP que, eso sí con mayor educación en algunos casos que sus antecesores, se han entregado de lleno a la acción depredadora de los tiburones económicos para sacar adelante específicas operaciones urbanísticas al margen de una idea urbana global, sin que la ciudadanía, en todo caso, reaccione con efectividad política.

Y a partir de ahora, con la coartada de la ciclópea crisis económica, ¿qué?

*Joseph Beuys
Cosmos y Damián, 1974 Tarjeta postal, Edition Klaus Staeck.



jueves, 23 de mayo de 2019

Patologías del presente



“La melancolía es un estado de tristeza insuperable”.

(by google)


En los momentos actuales en los que la crisis económica ha puesto de manifiesto con mayor agudeza las patologías que incuba el presente, limitadas nuestras maneras de ser y nuestros modos de pensar, nuestra vida nos es más ajena que nunca, y ello a pesar de la presunta mejora de la existencia humana mediante el perfeccionamiento de los avances tecnológicos del ahora llamado ‘transhumanismo’ o capacidad humana para trascenderse a sí mismo física y, sobre todo, intelectualmente.
La postmodernidad, que parece progresar adoptando según algunos intelectuales no melancólicos, posiciones más hedonistas y multiflexibles, se ha convertido no obstante en un ‘sistema’, con todas las contradicciones inherentes al mismo. Y aunque es difícil mantener una crítica sobre un sistema si es el propio sistema quien regula las herramientas para la crítica, contra la postmoderna hegemonía del relativismo que, socavando los cimientos de la racionalidad, formulando la desconexión de los diferentes juegos del lenguaje y potenciando la jerga tecnocrática y la anemia léxica, neutraliza la posibilidad de pensar, puede plantearse un nuevo interés por la razón, que debe entenderse en nuestros días, epistemológicamente, más mediatizada e imbricada en las circunstancias sociales y culturales, más transversal en suma, para, partiendo de esas modernas ‘impurezas’, comenzar a proponer una terapéutica frente a estas patologías del tiempo presente, dada la sintomatología que manifiestan independientemente de su etiología:

-          Pérdida de valores y profusión de fundamentalismos.
-          Dependencia  abusiva de los nuevos avances tecnocientíficos.
-          Corrupción de los discursos que desemboca en el descrédito de lo político.
-          Desmoralización social por preeminencia de la frivolidad ética.
-          Estatalización de la vida.
-          Banalización de los códigos culturales.


jueves, 11 de abril de 2019

Lecturas del espacio.


ESPACIO Y ARQUITECTURA
“La arquitectura es la voluntad del tiempo transmutado en espacio”.
[Ludwig Mies van der Rohe].

LECTURAS DEL ESPACIO


A partir de la idea generatriz que articulaba una anterior publicación mía, evocadoras proposiciones podrían traducirse desde los ‘espacios de la lectura’. Espero entonces, que la contribución en nuestro caso desde otras coordenadas, igualmente sugerentes, las ‘lecturas del espacio’, aporte una línea no tangente en algunos puntos, sino paralela [intersecable por tanto en el infinito y delineando en tal confluencia, según Heidegger, el perfil que subraya su afinidad esencial] a los textos adyacentes, ‘espacios’ que son también para la lectura. Una lectura que ya estaría teniendo indefectiblemente lugar, por lo que de acuerdo con el sentido común, estaría ocupando un espacio, creando incluso su propio espacio.
Pero así como todo lo real es pensable, ¿todo lo pensable es real?, desde luego no todo lo pensado lo es. ¿Podremos explicarnos qué es el espacio? ¿Podremos, entonces, plantearnos lecturas del espacio?
Si el espacio fuese donde las cosas están y la materia de lo que están hechas las cosas, el tiempo sería en donde ocurren sus cambios. Expresado de esta manera el tiempo tendría una componente claramente espacial.
En realidad es lo contrario, en la teoría física de la relatividad restringida, el tiempo era otra dimensión del espacio. Incluso en la física de ‘campos’, derivada de la teoría de la relatividad general, no sólo se confunden en un concepto espacio y tiempo, sino que se diluye la frontera entre espacio-tiempo y materia.
Algo similar nos expresaba la intuición del escultor Eduardo Chillida, investigador del espacio y del vacío, (que ha llegado incluso a proponer en su proyecto de montaña excavada en Tindaya una ‘escultura’ sin materia) cuando escribe:
‘El diálogo limpio y neto que se produce entre la materia y el espacio, la maravilla de ese diálogo en el límite, creo que, en una parte importante, se debe a que el espacio, o es una materia muy rápida, o bien la materia es un espacio muy lento. ¿No será el límite una frontera, no sólo entre densidades sino también entre velocidades?’.
CHILLIDA. Simulación de la intervención en Tindaya.

Además, igualmente en su opúsculo Preguntas de 2001, nos dice:
‘Desde el espacio con su hermano el tiempo, bajo la gravedad insistente, sintiendo la materia como un espacio más lento, me pregunto con asombro sobre lo que no sé’.
CHILLIDA. Elogio del agua. Parc de la Creueta del Coll (Barcelona).

Por otra parte, el espacio ha sido siempre objeto y sujeto de la Arquitectura. Una arquitectura intrínseca, a partir de sí misma, autónoma en el tiempo y sobre todo en el espacio, como plantean algunos movimientos arquitectónicos, sería un artificio, ya que, según el arquitecto Rafael Moneo,  una obra de arquitectura es simplemente el comienzo de un proceso que anticipa el cambio del espacio, (lugar o territorio), en que se inscribe.
La arquitectura modifica el espacio donde se inserta, como toda creación artificial o artefacto, dialogando con él. Pero también y en gran medida, aprehende una parte de ese espacio, lo percibe, lo hace suyo y lo constituye en habitable.
Para comprender la arquitectura, de la misma manera que para proyectarla, debemos conducir al habitar a la plenitud de su esencia y esto se lleva a cabo, de acuerdo con Heidegger, construyendo desde el habitar y pensando para el habitar.
Así, en Construir, habitar, pensar, Martin Heidegger, consciente de que ‘el lenguaje es en realidad señor del hombre y no el hombre el dueño y forjador del lenguaje’, diserta sobre construcción a partir de la interpretación de términos léxicos. Nos resalta que, en alemán, construir y habitar tienen la misma raíz y de ahí su interdependencia. Pero pone de manifiesto que no todas las construcciones son moradas, ya que el hombre podría ser albergado en ellas pero no las habitaría, no tendría alojamiento habitable en ellas.
Claramente plantea, como algunos defendemos, la diferenciación entre ‘construcción’ y ‘edificación’.
Construir, para él, tiene al habitar como meta, no sólo es medio para el habitar, nos dice que el construir es en sí mismo el habitar, aclarándonos que el habitar lo concibe como la manera según la cual el hombre ‘es’ en la tierra. Despliega el construir como habitar, etimológicamente también, en el construir que cuida o cultiva y en el construir que erige o edifica, y en la búsqueda de la esencia del habitar no tiene más remedio que encontrarse con el espacio.
Para él, los espacios reciben su esencia desde los lugares. Sólo aquello que en sí mismo es un lugar puede abrir un espacio. Las cosas que son lugares otorgan espacios. Un espacio es algo a lo que se ha franqueado espacio, algo dentro de una frontera, un límite. Escribe Heidegger: ‘Espacio es esencialmente aquello a lo que se ha hecho espacio, lo que se ha dejado entrar en sus fronteras’. Y la frontera es ‘aquello a partir de donde algo comienza a ser lo que es’.
El espacio hecho espacio implica distancia (espacio intermedio) e implica extensión (dimensiones).
Concluye Heidegger diciendo que ‘la esencia del construir es el erigir lugares por medio del ensamblamiento de sus espacios’. Ya que el construir, porque instala lugares, es un instituir de espacios y los espacios se abren por el hecho de que se les deja entrar en el habitar de los hombres. La esencia del construir sería el dejar habitar. ‘Sólo si somos capaces de habitar podemos construir’. El hombre tiene primero que aprender a habitar.
¿De qué manera?
En otro conocido artículo, Heidegger, hace uso de un verso de un poema de Hölderlin: ‘...poéticamente, habita el hombre...’.
   Puede entonces no resultarnos extraño que, desde la fenomenología, Gaston Bachelard titulase su famoso ensayo como La poética del espacio.
En él, aunque plantea la dialéctica de ‘lo de dentro’ y de ‘lo de fuera’, insiste preferentemente en las calidades y percepciones del espacio interior. Intertextualmente entresacaremos algunos párrafos que permitirán articular una porción de nuestro espacio de lectura. Escribe Bachelard:
‘...Si de un espacio se hace un poema no es raro que las más intensas contradicciones vengan a desper­tarnos de nuestros sueños conceptuales y a liberarnos de nuestras geome­trías utilitarias...
...La elevación de la imagen del espacio está replegada en la representación sólida...
...‘Dentro’ y ‘fuera’ constituyen una dialéctica de des­cuartizamiento y la geometría evidente de dicha dialéctica nos ciega en cuanto la aplicamos a terre­nos metafóricos. Tiene la claridad afilada de la dialéctica del sí y del no que lo decide todo. Se hace de ella, sin que nos demos cuenta, una base de imágenes que dominan todos los pensamientos de lo positivo y de lo negativo... La metafísica más profunda se ha enraizado así en una geometría implícita, en una geometría que espacializa el pensamiento. Lo abierto y lo cerrado son pensamientos, son metáforas...
...El espacio captado por la imaginación no puede seguir siendo el espacio indiferente entregado a la medida y a la reflexión del geómetra. Es vivido. Y es vivido, no en su positividad, sino con todas las parcialidades de la imaginación...
...La imaginación es la facultad más natural que existe...
...Todo proyecto es una contextura de imágenes y de pensamientos que supone un anticipo de la realidad...
...Para el conocimiento de la intimidad, más urgente que la determinación de las fechas es la localización de nuestra inti­midad en los espacios...
...Gracias al espacio, un gran número de nuestros recuerdos tienen albergue...
...Daríamos con gusto a este análisis el nombre de ‘topoanálisis’. El topoanálisis sería pues el estudio psicológico sistemático de los parajes de nuestra vida íntima...
...Pero ya en la base misma del topoanálisis debemos introducir un matiz. Observamos que el incons­ciente está albergado. Debe añadirse que está bien albergado, felizmente instalado. Está en el espacio de su dicha...
...Todos los espacios de intimidad se designan por una atracción. Su estar es bienestar. En dichas condiciones, el topoanálisis tiene la marca de una topofilia...
...Y todos los espacios de nuestras soledades pasadas, son en nosotros imborrables...
...En sus mil alvéolos, el espacio conserva tiempo comprimido. El espacio sirve para eso.’
Pero se trataría, en suma, de que al describir un espacio poblado de calidades, el espacio de nuestras percepciones primarias, el de nuestros sueños, el de nuestras pasiones..., no se estaría refiriendo más que, como explica Foucault, a un espacio leve, etéreo, transparente y también, oscuro y atestado. Espacio de alturas y de simas que en definitiva constituye exclusivamente el espacio interior.
Un espacio interior, frente a un espacio exterior, por ejemplo, cuya atención fue tan intensa en Henri Michaux, que ‘estallaba por todos sus poros’. Sus experiencias psicotrópicas intentaban buscar fuera de los límites de la mente humana y su sensibilidad y ampliar su ‘espacio interior’, que no en vano fue la denominación de una de sus antologías. Bachelard recoge un fragmento de su poema en prosa El espacio en las sombras. Henri Michaux escribe tras ese sugerente título: ’El espacio, pero no pueden ustedes concebir ese horrible adentro-afuera que es  el verdadero espacio’. (En Nouvelles de l’étranger. Mercure de France, 1952).
Una yuxtaposición entre claustrofobia y agorafobia que también pone de manifiesto Jules Supervielle, cuando escribe en su libro Gravitations: ‘El exceso de espacio nos asfixia mucho más que su escasez’. (Citado por Bachelard).
No es casual que algunas de las últimas investigaciones sobre el espacio de Chillida en formato papel, reciban el nombre de ‘Gravitaciones’.

CHILLIDA. Gravitaciones.

En Chillida, el ‘espacio interior’  es el espacio prohibido, no se trata de una entidad metafísica, como escribe Octavio Paz, sino de una propiedad sensible. ‘El espacio interior es la energía cautiva de cada forma’.
El universo está hecho de formas. Cada forma, según René Thom (véase Paz), es un equilibrio momentáneo, una estructura estable solamente en apariencia y ya dirigida hacia otra forma. Las formas intentan colonizar el espacio, el triunfo del espacio residiría, según Paz (2001), en la anulación de las formas.
En relación siempre con el universo de Chillida [Chillida: entre le fer et la lumière], nos propone O. Paz reflexionar sobre sugestiones que han ido surgiendo ya a lo largo de nuestra lectura [que se cita como referencia en Suárez-Japón, J. M. 2002.- ‘Geografía y literatura en los escritos de viaje de Caballero Bonald’. Boletín de la A. G. E. nº 34, pág. 135], en efecto:
‘La aprehensión del espacio es instintiva, es una experiencia corporal: antes de pensarla y definirla, la sentimos. El espacio no se encuentra fuera de nosotros, es eso donde somos. El espacio es un donde. Nos rodea y nos sostiene, somos el límite de lo que nos limita. Somos el espacio donde nos encontramos. Y sin embargo estamos separados: el espacio es lo que se sitúa al otro lado, el límite, la frontera donde comienza lo otro. Contradicción más sensible que mental: el espacio no es pensable, es táctil’.
CHILLIDA. Peine del viento. San Sebastián.         



 CHILLIDA. Elogio del horizonte. Gijón.

El ‘aroma’ de Heidegger se deja sentir en toda interpretación de la obra chillidiana, así como en su propio pensamiento.
Pero parte de los conceptos del texto de Heidegger arriba citado, se han visto modificados con el desarrollo de la civilización capitalista como han puesto de manifiesto algunos tratadistas actuales, como el antropólogo francés Marc Augé y su estudio de los ‘no-lugares’.
Considera que el ‘lugar’ es el espacio del que los hombres se han apropiado hace tiempo y por tanto donde se manifiestan relaciones entre naturaleza y cultura. (En relación con el texto de Heidegger, en Augé planea una tesis con la que podríamos encontrarnos más identificados como arquitectos: construir sería transformar el espacio en lugar, y, añadiríamos, esa transformación se debería plantear precisamente dentro de la dialéctica cultura versus naturaleza). Pero, en definitiva, siguiendo su discurso, el lugar entonces, estará siempre revestido de tiempo y por tanto de lenguaje.
En el mundo contemporáneo, allá donde el uso del lenguaje sea mínimo o donde prevalezca la aceleración del tiempo, habrá, nos dice, un potencial ‘no lugar’ como escenario postmoderno. El no-lugar como espacio donde ninguna relación de identidad se expresa.
¿Será posible convertir los no-lugares en espacios también de la lectura?
El no-lugar se definiría no como un espacio empíricamente identificable, sino como ‘el espacio creado por la mirada que lo toma por objeto’, por ello puede admitirse que el no-lugar de unos, podría ser lugar para otros. La oposición entre lugar y no-lugar nos ayuda a comprender que la frontera entre lo público y lo privado se ha desplazado e incluso, en muchas situaciones, ha desaparecido en la actualidad.
Espacio privado y espacio público que traducen de alguna manera la oposición espacio interior, el espacio fenomenológico del adentro, no homogéneo ni vacío, y espacio exterior, el espacio del afuera que habitamos, también heterogéneo, ya que no es más que, como aduce Michel Foucault, un conjunto de relaciones que determinan ‘ubicaciones’ fácilmente descriptibles.
En su conferencia, publicada también en sus Obras Esenciales como Los espacios diferentes, Foucault nos explica de qué forma el concepto de ubicación, ligado al espacio, ha sustituido históricamente, al de extensión que a su vez sustituyó en su momento al de localización. El espacio contemporáneo se nos ofrece pues bajo la forma de ‘relaciones de ubicación’. Las ubicaciones más interesantes, en su análisis, son las que invierten, suspenden o neutralizan dicho conjunto de relaciones, es decir los espacios que contradicen las demás ubicaciones. Y serían de dos clases: las utopías y las heterotopías.
Las utopías son lugares sin espacio real, espacios esencialmente irreales.
Las heterotopías serían espacios reales, pero reflejo y alusión de otros espacios distintos, una especie de contra-espacios, nos dice Foucault, espacios que están fuera de todos los espacios.
Estos otros espacios están relacionados entre sí porque entre utopía y heterotopía existe una experiencia especular. (Brillante es su disertación del ‘espejo’ como ejemplo de utopía y de heterotopía).
Frente al topoanálisis de Bachelard, plantea Foucault la heterotopología como descripción sistemática para la interpretación hermenéutica de esos otros espacios, de esos espacios diferentes.
Las heterotopías están ligadas con heterocronías y se organizan entre sí de forma compleja. Existen para él, heterotopías de crisis, más primitivas, y de desviación, más actuales.
Pero lo que caracterizaría a las heterotopías en relación con los demás espacios de cualquier especie, es que ‘o erigen un espacio ilusorio que denuncia como ilusorio el espacio real... o erigen un espacio distinto, otro espacio real tan ordenado y perfecto como anárquico y desordenado es nuestro espacio real’.
Es esta última lectura de Foucault, más crítica, a la que más nos interesa aproximarnos en nuestro análisis personal. Incluso refugiarnos ahí.
Porque como cita Bachelard en su referido libro: ‘cada uno debería hablar de sus encrucijadas... erigir el catastro de sus campiñas perdidas... y envueltos entre los tejidos del invierno,... de todas las estaciones el invierno es la más vieja, parecernos que la nieve es más blanca...’ Ya que, con Henri Bosco (citado por Bachelard), ‘cuando el refugio es seguro la tempestad es buena’.
La arquitectura en este desorden de los tiempos presentes, esa ‘Intemperie’ de la que nos habla J. J. Millás, arquitectura sin embargo eminentemente semiótica, continúa irreflexiva, sin atención a la esencia del pensar, no siendo ni refugio ni morada. La arquitectura como episodio puede ser, sin embargo, marco para el injerto de subjetividades que modifican el espacio al atravesarlo.
Nosotros hemos podido pensar el espacio, (y hemos constatado que la epistemología del espacio –el modo en que construye sus significados- se ha ido transformando), pero, ¿el espacio ha resultado real? ¿Hemos podido, entonces, establecer reales ‘lecturas del espacio’?.
La arquitectura, ¿ha leído el espacio para resolver el proyecto de los ‘espacios de la lectura’?
La paradigmática biblioteca nueva de Alejandría, (y similar análisis podría ser aplicado a la ‘mediateca’ en Sendai de Toyo Ito), sólo ha conseguido transmitirnos el ancestral empeño de albergar en una sola institución todo el conocimiento universal. Su sentido de faro – biblioteca, (una estrategia laica de regeneración urbana dentro del fundamentalismo que, allí, todo lo rige), y la configuración de su espacio ‘contribuyen a un trascendente sentido de la inconsciencia’ escribe a propósito Richard Ingersoll. 

                                                   SNØHETTA. Nueva Biblioteca de Alejandría.

Por ello como lugar de encierro de todos los tiempos que está él mismo fuera del tiempo, los espacios de la lectura serían heterotopías del tiempo, (un tiempo que se acumula hasta el infinito encaramándose a la cima de sí mismo), y erigen un espacio ‘real’, ordenado y perfecto, alusión ideológica al contradictorio y anárquico espacio real contemporáneo. Como menciona al respecto Foucault:
‘El proyecto de organizar así una acumulación perpetua e indefinida del tiempo en un lugar que no cambia de sitio, es propio de nuestra modernidad’.
El espacio de la lectura corre el riesgo de desaparecer en la lectura del espacio.
Pero quizás la cuestión seminal no esté aún formulada, y es Françoise Schein quién nos conduciría a la verdadera lectura que debería importarnos:
“¿Qué se esconde en los espacios blancos entre las palabras,
 ...allí donde tal vez se encuentren todos los sentidos posibles?

*

Apostillas:

(I) Construir, habitar, pensar.
Construcción, en su sentido material, supone una modificación antrópica de las condiciones existentes de un lugar. Algunas construcciones modifican los lugares confinando el espacio, creando un interior, como el caso de las edificaciones. Alguna edificación, por su parte, posee unas características específicas (proporción, ordenamiento, luminosidad, etc.) que le permiten cualificar el espacio creado, sería entonces arquitectura. En ella podría habitar el hombre en su sentido más pleno, donde, arropado por un espacio fértil, podrá desarrollar los potenciales más trascendentes de su devenir. (No todas las construcciones son edificaciones, y no todas las edificaciones son arquitecturas).


(II) Lugar o no-lugar.
El paradigma de los lugares para la lectura, espacios de la lectura, ha sido el edificio de la biblioteca. La canónica, depósito del saber, (como 'museo': espacio heterótopo que acumula tiempo congelado), la imaginaria (Borges, U. Eco), la simbólica (la nueva de Alejandría, faro de la no talibánica civilización, o mejor cultura, árabe) o la moderna mediateca (artes visuales incluidos, en Sendai, etc.). En realidad pensaríamos en la positivista y funcionalista 'sala de lectura' creación de los arquitectos contemporáneos (Asplund, Aalto, etc.).
Pero no fueron acaso también espacios de lectura, el paseo peripatético al aire libre y los lugares de lectura ceremonial, sinagoga o catedral. O las celdas del convento y su refectorio. Y las celdas de la prisión (Foucault y el panóptico). Y no lo es un rincón de la casa, un altillo o ese no-lugar, vagón de metro, único reducto donde, desde la escasa madriguera hasta el tajo de explotación y desde el amanecer al anochecer, algunos realizan su, única, verdadera lectura...

(III) Los espacios en blanco.
Internet nos está permitiendo en este momento crear también espacios de lectura. Y así, ¿no transformamos el espacio, los espacios entre las palabras escritas cuando las leemos? O ¿cómo leer el espacio mentalmente creado y sentido al realizar el acto de leer?
Leyendo nos creamos un espacio con fronteras independientes del espacio que nos rodea y acoge e independientes también de los espacios que forman las palabras antes de ser dichas. Un espacio nuestro que a veces incluso, con el recuerdo, reproducimos cuando nos conviene.

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Bibliografía consultada.

A. A. V. V. 2001.- ‘Lectura del espacio, Espacio de la lectura’. Revista Puertas a la lectura, nº 14, Diciembre. Servicio Publicaciones UEx, Mérida.
AUGÉ, M. 1996.- ‘Sobre modernidad y no lugares’. Revista Astrágalo, nº 4, Mayo. págs. 84-85. Madrid.
BACHELARD, G. 1994.- La poética del espacio. Fondo de Cultura Económica, México.
CHILLIDA, E. 2001.- Questions. Ed. Daniel Lelong, París.
CONTE, R. 2001- El País, Babelia, 22/09. pág. 13.
FOUCAULT, M. 1997.- ‘Los espacios otros’. Revista Astrágalo, nº 7, Septiembre. págs. 83-91. Madrid.
FOUCAULT, M. 1999.- Estética, ética y hermenéutica. Paidós, Barcelona.
HEIDEGGER, M. 1994.- Conferencias y artículos. Ed. del Serbal, Barcelona.
INGERSOLL, R. 2001- El País, Babelia, 08/09. pág. 31.
MILLÁS, J. J. 2001- ‘Intemperie’, El País, 16/11. pág. 80.
MONEO, R. 1995.- ‘Inmovilidad substancial’, Revista Circo nº 24. M. R. T. Editores, Madrid.
PAZ, O. 2001.- ‘Chillida: entre le fer et la lumière’, en Chillida (catalogue de l’exposition). Ed. du Jeu de Paume, París.
SCHEIN, F. 2001.- ‘En la ciudad invertida, libros bajo tierra’. Revista Quaders d’arquitectura i urbanisme nº 231, Octubre. pág. 26-33. Ed. C. O. A. C. Barcelona.