Materia construida
CUADERNO DE LECTURAS IMPOSTADAS [para organizar el pesimismo]
miércoles, 7 de enero de 2026
Epistemología del hormigón.
viernes, 2 de enero de 2026
La arquitectura del poder vs. el poder de la arquitectura.
Entre 1931 y 1935 el concurso para el Palacio de los Soviets de Moscú fue, sin lugar a dudas, uno de los eventos arquitectónicos más importantes del siglo XX. En él se dieron cita algunos de los arquitectos europeos más influyentes del momento, como es el caso de Le Corbusier, E. Mendelsohn, W. Gropius y H. Poelzig; junto a otros importantes nombres del panorama soviético, como los célebres hermanos Vesnin, I. Zholtovsky, V. Shchuko y B. Iofan. El concurso, resuelto en favor de un grupo de arquitectos soviéticos encabezados por el propio Iofan, derivó en toda una serie de duras reacciones de los arquitectos europeos contra el resultado del concurso, reacciones lideradas por Le Corbusier.
miércoles, 10 de diciembre de 2025
Benjamin, el judío. [y II]
Sin duda, como ha señalado Löwy, Benjamin fue el crítico más radical de la modernidad. Su crítica de la modernidad se encuentra formulada de manera más categórica en su último texto, un conjunto de aforismos y de alegorías sobre la historia, de inspiración a la vez utópica y mesiánica.
Pero al rechazar en su texto, el culto moderno al progreso, Benjamin situó en el centro de su visión de la historia el concepto de catástrofe. En una de sus notas preparatorias a las citadas reflexiones, observó: "La catástrofe es el progreso, el progreso es la catástrofe''.
El caso Benjamin es interesante, precisamente porque representa una posición extrema, al rechazar categóricamente la ideología del progreso, heredada de la Ilustración. Para Benjamin la herencia positiva proviene de la Revolución Francesa, mientras que la proveniente de la Revolución industrial es cuestionada severamente.
Contempladas desde una perspectiva más amplia, las reflexiones de Benjamin sobre la historia pertenecerían a ese género escaso de los escritos de náufragos, borroneados para ser metidos en una botella y entregados al correo aleatorio del mar. Ahí estaría, de manera inocultable, el naufragio personal de Benjamin, es decir su incapacidad de montar una carrera intelectual que pudiera mantenerlo y ahorrarle la necesidad de someterse a las incomprensiones de sus amigos e, igualmente, su torpeza catastrófica en su situación de exiliado, que terminó por llevarle finalmente al suicidio. Pero, como escribe Bolívar Echeverría, el verdadero naufragio que estaría también en esas tesis, del cual el suyo propio no sería más que una alegoría, fue para Benjamin el fracaso colectivo de un mundo completo, dentro de él, de una época y, dentro de ésta, de un ‘proyecto’.
Benjamin, el judío. [I]
Walter Benjamin fue uno de los grandes autores con los que contó la cultura occidental europea en los años veinte y treinta de este siglo; uno de los más inquietos y agudos cultivadores y críticos de esa cultura y de la vida moderna que la ha sustentado. Fue prototípico del intelectual europeo moderno, pero de un modo particular, propio de una condición específica a la que suele llamarse la ‘condición judía’.

