miércoles, 28 de mayo de 2025

Moisés, el egipcio. [I]

Ha podido comprobarse, como nos ha señalado Marthe Robert, que cada vez que Freud vuelve, en sus escritos, a la autobiografía disfrazada, siente un desasosiego que se delata primero por dificultades en el propio trascurso del trabajo y después por escrúpulos y dudas que retrasarán la publicación, terminado el libro.
En 1914 no es capaz de publicar su ensayo sobre ‘El Moisés’ de Miguel Ángel sino refugiándose en el anonimato; más de veinte años más tarde da a la imprenta, a contrapelo, su otro ‘Moisés’, [Moisés y el monoteísmo], que tiene como tema el asesinato del padre, ya no el padre original, sin nombre, de la horda primitiva [Tótem y Tabú], sino el padre judío asesinado en los albores de nuestra civilización, y lo hace en capítulos, acompañados de una profusión de reservas y precauciones que dicen mucho de su malestar interno.
‘El Moisés’ de Miguel Ángel lo escribió Freud, sin que se trasluciera en dicho ensayo casi nada del psicoanálisis, para clarificar ciertas ambigüedades que dan misterio a la célebre escultura.
El verdadero objeto del trabajo no era tanto la obra escultórica, como el hombre al que representa, el padre de los judíos, y el padre judío eternamente ofendido, ante quien Freud se siente eternamente culpable. El propio tema del ensayo roza más de lo que se cree el problema de la culpabilidad. Giraría en torno a la cólera del héroe: en lugar de representar a Moisés, tras recibir las Tablas sagradas, preso de furor ante las abominaciones de su pueblo, Freud demuestra que, en esa representación de Moisés, el momento más violento de su cólera habría pasado y habría sabido vencer su pasión.
 
Sin embargo, veinte años después vuelve a empezar la historia del padre judío inmolado. Moisés ya no será una imagen esculpida aplastante sino un formidable escultor de hombres que cambió el destino  de la humanidad.
*
continuará...

viernes, 23 de mayo de 2025

Lo que vendrá.

 [by google] 

Momentos 'estelares' de la humanidad. 

I

¿Año 20..?:

'En Navidad. Mientras la gente normal es feliz de una manera un tanto despreocupada, los periódicos vaticinan la guerra, que efectivamente se declara esa misma noche.

Durante años las grandes potencias mantendrán las hostilidades, destruyendo con bombas las edificaciones, asesinando a los civiles con gases venenosos. Finalmente, cuando el enemigo está a punto de ser vencido, éste disemina un virus final, la enfermedad errante, que acabará con la mitad de los supervivientes'.


En referencia al film ‘Things to Come’ (‘Lo que vendrá’) dirigido por W. C. Menzies en 1936, con guion de H.G. Wells y basada en su novela ‘La forma de lo que vendrá’.
 
* * *

II

Pero será Macedonio Fernández en su ‘Museo de la Novela de la Eterna’ quien más nos embaucará en estos tiempos de turbación:

“Cuando un poco más tarde cayó la primera bomba atómica, la banda de Gillespie estaba ya lista para comenzar a actuar, y la catástrofe se reflejó en forma fantasmal en ´Things to come´, el Apocalipsis en jazz de Gil Fuller, presentado en la versión Parker-Gillespie, con sus frases convulsivas, precipitadas y moribundas."

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 Nota: Otra versión más amanerada (manierista quise decir)



jueves, 1 de mayo de 2025

¿Arquitectos sin Arquitectura?

Manifiesto para una intervención arquitectónica integral.

¿La arquitectura transformará las agonías? ...
Si acaso  (como escribe Vázquez Montalbán):
“construid ciudades dónde palpar atardeceres”.

Arquitectura vs. Lugar.

En relación con recomendaciones de carácter arquitectónico a suscitar para la actuación que convenga plantearse en toda edificación relevante, comúnmente sólida, austera, discreta, aunque pública y dotada de suficiente simbolismo, deberá valorar siempre las cualidades que el edificio sugiera y su relación con el entorno natural.
La actuación podrá resaltar cierta ambigüedad tectónica y visual de superficies y envolventes oponiendo resistencia a la desaparición de sus cualidades matéricas. Su precisa geometría, sus grávidos muros, su textura tradicional, rural a veces y en cierto sentido arcaica, mantendrán con interés una obra nutrida por los materiales, el lugar y la memoria.
 
 

La arquitectura no es más (y menos) que materia, espacio y tiempo.
En todo caso una amplia reestructuración y reutilización debe conseguir una pervivencia de los aspectos positivos de toda composición dotada de rigor y serenidad, y como escribió W.J.R. Curtis en El Croquis: “El edificio hasta cierto punto establece sus propias reglas, que deben ser aprehendidas incluso si no se está de acuerdo con ellas”.
Así, a priori y dado lo anterior, la solución arquitectónica, tanto de una intervención en edificios existentes como de edificios de nueva construcción, parecería decantarse más hacia ‘Basilea’ que hacia ‘Rotterdam’, si parafraseásemos a Luis Fdez.-Galiano, planteando frente a la subversión formal a través de un pragmatismo paradójico, una sensibilidad que tiene por ejes la materia y el rigor.
Agotado el debate de las tipologías, la cuestión sería, sin embargo, la contradicción inherente entre, por una parte, la voluntad de integración en el contexto y el paisaje y por otra un también deliberado monumentalismo compositivo justificado por un uso colectivo.
 

El paisaje y las tradiciones locales proporcionan un marco de referencia enriquecedor para los arquitectos que optan por el diálogo con su entorno. Ejemplos paradigmáticos de respuesta acertada son edificios de Peter Zumthor, Herzog y de Meuron o Souto de Moura, cuyos mundos táctiles, ritualizados y austeros, impregnan sus edificios de una gravedad suplementaria para disolverlos en su entorno y clima, domesticando la sensualidad táctil del aparejo pétreo con la disciplina intelectual de la geometría resistente. Un esqueleto eficaz y una piel material, edificios, en suma, como unión de función racional y envoltura emocional.
 

Sus proyectos surgen de una idea acompañada de un material y se insertan en el paisaje con precisión cartesiana y mineral aplomo. Los edificios se conciben como estructuras arquitectónicas ordenadas técnicamente que evitan toda forma naturalista. Están monolíticamente concebidos, constituidos y construidos.
 

Materia, geometría y naturaleza como principios básicos generadores de la solución arquitectónica. Solución no de arquitectura vernácula entendida en su vertiente regionalista crítica del Posmodernismo, pero sí concebida con la lentitud, la solidez y la certeza de lo auténticamente autóctono.
El concepto de paisaje, nos dice R. Moneo, en su más amplio sentido se ha convertido en algo necesario y tal concepto implica aceptar la presencia de algún tipo de manipulación y contaminación. Esta conciencia del lugar, del suelo sobre el que construimos, como algo ya manipulado explica por qué hoy la violencia sobre el lugar, o bien toma la forma de desplazamiento y olvido de los atributos que lo caracterizan, o bien lleva a una forzosa y no siempre querida aceptación de los mismos.

 

El concepto de lugar se ha confundido, a menudo, durante los últimos años, con el de contexto. Recientemente se ha abusado de la noción de contexto en la crítica arquitectónica y los arquitectos han instrumentalizado tal noción sirviéndose de una metodología de proyecto que hace del análisis del medio en el que construir su fundamento. Entender la relación lugar-arquitectura de este modo supone establecer un orden jerárquico que devalúa la fructífera interacción que entre una y otro se produce cuando se construye.
La arquitectura pertenece al lugar. Así se explica por qué la arquitectura debe ser adecuada, debe reconocer, tanto en un sentido positivo como en un sentido negativo, los atributos del lugar. Entender cuáles son esos atributos, entender el modo en que se manifiestan, es el primer movimiento del proceso arquitectónico. Aprender a escuchar el murmullo, el rumor del lugar, dice Moneo.
 

Discernir entre aquellos atributos del lugar que deben conservarse, aquéllos que deben hacerse patentes en la nueva realidad que emerge una vez que el artefacto estructuralmente inmóvil aparece como un edificio construido, y todos aquéllos otros que sobran y que, por tanto, deben desaparecer. Entender qué es lo que hay que ignorar, añadir, eliminar o transformar, es vital.
El que una arquitectura sea apropiada no elimina la posible destrucción del lugar. Dicho de otro modo, el que una arquitectura sea apropiada puede reclamar la formulación de un juicio contrario al lugar. La arquitectura, por tanto, la construcción de un edificio, nuevo o no, en un determinado lugar, no significa una respuesta automática, inmediata.
Este diálogo inevitable entre el lugar y el momento en el que se construye se termina con la aparición de la arquitectura. Con ella se modifica radicalmente el lugar que, desde ahora, será algo diferente. El lugar quedará transformado al haberse engendrado sobre él una realidad diferente de la que es testimonio inequívoco la esencia del edificio.


El lugar es una realidad expectante, sigue Moneo, siempre a la espera del acontecimiento que supone el construir sobre él. El construir supondrá el tomar posesión de él, pero, como contrapartida, lo construido contribuirá a que entendamos cuáles son sus atributos.
También, en la vida actual, todo parece estar en contra del lugar. Todo parece reclamar un mundo homogéneo, lleno de los mismos productos, inundado por las mismas imágenes. Parece como si tan sólo la ubicuidad del no-lugar existiese (Marc Augé); como si la idea de lugar ya no tuviese valor; como si pudiésemos ignorar dónde nos encontramos, dónde estamos.
El modo en que debe entenderse la arquitectura exige, sin embargo, el lugar. La arquitectura no puede estar, escribe Moneo, donde quiera que sea. La arquitectura se nos hace presente como realidad en el lugar. Es en el lugar donde el edificio adquiere la necesaria dimensión de su condición única, irrepetible; donde la especificidad de la arquitectura se hace visible y puede ser comprendida, presentada, como su más valioso atributo. Es el lugar quien nos permite establecer la debida distancia entre el objeto que producimos y nosotros mismos.

 

El lugar entonces como origen de la arquitectura. Lugar por tanto, como soporte en el que la arquitectura reposa. La arquitectura se engendra en él y, como consecuencia, los atributos del lugar, lo más profundo de su ser, se convierten en algo íntimamente ligados a ella.
El lugar es, pues, donde la arquitectura adquiere su ser. 



 [cfr. R. Moneo 'Inmovilidad substancial']
[images by http://www.google.es/imghp?hl=es&tab=wi]

miércoles, 2 de abril de 2025

Luces de progreso [y II].

(…)
Si una de las grandes conquistas del capitalismo es haber convertido la tortura del tiempo en medida normal de la actividad humana, el proceso es equivalente a la transformación de las medidas del espacio.
El sistema métrico fue introducido en 1795 por la Revolución francesa. Las medidas espaciales que tomaban por referencia el cuerpo humano (pies, codos, etc.) se reemplazaron por la medida abstracta del metro. Esa unificación abstracta de las medidas del espacio correspondía a la cosmovisión mecanicista de la física newtoniana, que a su vez inspiró las teorías mecanicistas de la economía de mercado de Adam Smith.
Las medidas abstractas del espacio y del tiempo se han convertido en forma común de la máquina universal física y la económica, tanto del universo como de la producción de mercancías. Como hemos visto, gracias al tiempo continuo de la astronomía se hizo posible prolongar el día del trabajo abstracto hasta altas horas de la noche, devorando las horas de descanso. Así se logró separar el tiempo abstracto de las cosas y circunstancias concretas.
Por otro lado, la racionalidad abstracta de la economía empresarial ‘desmaterializa’ el entorno, lo desdimensiona y desproporciona, en tanto que fuerza a la materia y sus vínculos a someterse a los criterios de rentabilidad. Y añade Kurz, ejemplarizando esa cuestión en la materia construida que son las edificaciones, objeto de deseo también de Scheerbart -al que arquitecto Bruno Taut llamó el ‘único poeta de la arquitectura’-:

“Si los edificios antiguos a veces nos parecen más bellos y más acogedores que los modernos, y si luego observamos que aquellos, en comparación con los edificios ‘funcionalistas’ (sic) de hoy, parecen mostrar además ciertas irregularidades, eso se debe a que sus medidas son las del cuerpo humano y que sus formas a menudo se ajustan al paisaje circundante. La arquitectura moderna emplea, por el contrario, las medidas astronómicas del espacio y unas formas ‘descontextualizadas’, desgajadas del entorno. Lo mismo vale para el tiempo. También la arquitectura moderna del tiempo es una arquitectura desproporcionada y descontextualizada. No sólo el espacio se ha vuelto feo, sino también el tiempo”.

 
B. Taut. Pabellón de Cristal para la Exposición Werkbund. Colonia, 1914.