lunes, 31 de marzo de 2014

‘Profeta de la modernidad’ [I].


En 2014 se rememora el cuarto centenario de la muerte de Doménikos (latinización de su nombre griego Kiriakós) Theotokópoulos, “El Greco”.

Alfonso Pérez Sánchez ha reseñado, de manera piadosa, que ya, a finales del siglo XIX, Carl Justi subrayó en su monumental “Velázquez y su siglo” (1888), el papel que El Greco, desde un punto de vista técnico, había representado en el estilo del sevillano Velázquez. No obstante Justi, que también le dedicó al candiota algún trabajo específico [en 1897-98], critica negativa y severamente a nuestro pintor desde el punto de vista artístico y comienza a dar pábulo en su libro a interpretaciones psico-médicas relacionadas con su personalidad.

Respecto a esa incongruencia, por ejemplo Hugo Kehrer escribió que “a Justi no le fue dado, ni remotamente, comprender a dicho artista. Denominaba al Greco ‘un loco sublime’ que, por medio de ‘un sistema de cacofonías del color hábilmente ideado’, había patentizado el único valor de su arte”. En ese sentido también, nos ha indicado Mercedes Junquera Early que “al pasar los años, la crítica del Greco pasa por momentos culminantes como en la opinión de Lefort [1867] y degradantes como en Carl Justi”.

A pesar de ello Justi denominó, justamente, a nuestro pintor, ‘profeta de la modernidad’.
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Vista y plano de Toledo [1610]. Museo de El Greco (Toledo).

La opinión de Carl Justi sobre El Greco se hace patente en bastantes apartados de su citado libro sobre Velázquez. Busquemos las principales referencias que muestren las contradicciones del juicio crítico del alemán.

En el aprendizaje de Velázquez con Herrera, a pesar de su ruptura, se fomentaría la ‘libertad de la mano’, que era un rasgo de la época que, de acuerdo con Justi ya había gustado a los castellanos en las obras de El Greco. Y es que de todos los pintores españoles anteriores, ninguno pudo tener más interés para Velázquez que Theotokópoulos (el de los ‘dibujos salvajes’, crueles borrones según Pacheco el suegro de Velázquez, quien lo visitó en Toledo en 1611). Con todo, hasta el momento en que escribió Justi, no se había encontrado ningún dato que aportase luz sobre la opinión que, como él escribe, el “pintor de la golilla” tenía del “pintor de la gorguera”. Pero en algunos cuadros de los más tardíos del sevillano, según Justi, pueden percibirse ecos del Greco.

Diferente cuestión es la relación de Velázquez con Luis Tristán, discípulo primerizo de El Greco. Palomino señaló ya entonces, su influencia en un joven Velázquez que por ello “dexó de seguir la manera de su Maestro”. A partir de ciertas cualidades secundarias en los trabajos sevillanos de Tristán, asegura Justi, Velázquez aprendió a valorar el carácter mucho más elevado del Greco. No obstante, el estilo maduro y acabado del sevillano está construido mucho más sobre la obra del griego, que sobre la de su oscuro discípulo.
De hecho, según Justi, Velázquez incorpora a su paleta el colorido radiante y las tintas brillantes de tradición veneciana, vía “El Greco”.

En otro orden de cosas y en relación con Juan de Pareja, esclavo de Velázquez, y también pintor, Justi señala que acostumbrado, aquél, a apoyarse en otros pintores, para su “Bautismo de Cristo” en Toledo en 1667, se sirvió del Greco, que conocería por su dueño. Aunque, dada su carencia de maestría, en esa pintura, dice Justi, el tono es pálido amarillo y frío, el dibujo amanerado, la pincelada deshecha y la figura principal falta de nobleza.

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