lunes, 19 de mayo de 2014

Krisis? What Krisis? [I].


El capitalismo está tocando a su fin. El actual estado de cosas no significa el triunfo definitivo de la economía de mercado, sino un paso ulterior hacia el ocaso de la sociedad mundial de la mercancía. Esta era una de las tesis de Krisis.
El desarrollo del capitalismo, con la disolución de todas las cualidades que parecían indisolublemente ligadas a las personas, tiende a desvincular las funciones de los individuos empíricos. Como reseña A. Jappe (*), a través de los conceptos marxianos de ‘fetichismo’ y ‘valor’, se puede describir la transformación de la actividad humana concreta en algo tan abstracto y puramente cuantitativo como es el valor de cambio, encarnado en la mercancía y el dinero. El fetichismo no es solamente una ilusión o un fenómeno de conciencia sino una realidad que consiste en la autonomización de las mercancías que siguen solamente sus propias leyes de desarrollo. El verdadero escándalo, pues, es la transformación de un objeto concreto en una unidad de trabajo abstracto y luego en dinero.
El proletariado, como grupo social basado en idénticas condiciones de trabajo, de vida y de conciencia, no fue el producto principal del capitalismo sino más bien un residuo feudal. Con su lucha por integrarse plenamente en la sociedad capitalista, el proletariado en verdad ha ayudado a ésta a desplegarse y a alcanzar su plena realización.
El concepto de lucha de clases era en el fondo una teoría de la liberación del capitalismo de sus residuos precapitalistas, mientras que es en la teoría del valor y del fetichismo donde Marx anticipó una crítica que sólo hoy adquiere verdadera actualidad.
El movimiento obrero ha confundido siempre el capitalismo con lo que no era más que una etapa determinada de su evolución. Las luchas de clases eran conflictos de intereses que se desarrollaban siempre dentro del horizonte de la sociedad de la mercancía y sin ponerla en cuestión. No podía ser de otra manera porque el capitalismo se encontraba todavía en su fase ascendente y no había desplegado aún todos los potenciales que representarían un progreso efectivo respecto de los estadios precapitalistas. Es con la informatización cuando este desarrollo entra definitivamente en crisis, y no en un aspecto particular, sostiene Jappe, sino en el más central, que es la contradicción insoportable entre el contenido material de la producción y la forma impuesta por el valor.
La simultaneidad de la crisis económica y ecológica, resulta ser consecuencia del hecho de que unas capacidades productivas más elevadas que nunca deben ser tamizadas por la forma abstracta del valor y de la capacidad de transformarse en dinero.
Con todo no se demuestra la superioridad de la economía de mercado, sino que se evidencia que a causa de la necesidad de un empleo cada vez mayor de tecnologías para poder producir a un coste competitivo, los excluidos acaban en la miseria.
La democracia entendida como igualdad y libertad formales, ya está realizada y coincide con la sociedad de los 'hombres sin cualidades'. Al igual que las mercancías, todos los ciudadanos son medidos por el mismo rasero; son porciones cuantitativas de la misma abstracción. El que luego todas las porciones sean iguales es imposible para las mercancías y, por consiguiente, también para la democracia capitalista. Es inútil seguir exigiendo más democracia.


(*) A.A.V.V.- El absurdo mercado de los hombres sin cualidades. 2ª edición, febrero 2014. Ed. Pepitas de calabaza. Logroño.

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